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Obras singulares 12.02.2026
Quien haya ejecutado o proyectado un sistema SATE en una obra convencional sabe que, con un buen detalle constructivo y los materiales adecuados, el resultado es predecible. El problema aparece cuando la obra se sale del estándar: un edificio con protección patrimonial que exige conservar molduras originales, un proyecto donde el arquitecto ha definido un acabado en negro, o un inmueble de más de siete metros de altura donde la normativa de incendios impone requisitos que condicionan todo el sistema.
En estos escenarios, las soluciones genéricas no son suficientes. Cada caso requiere un análisis técnico específico y, sobre todo, conocer qué herramientas y sistemas existen para resolverlo sin comprometer las prestaciones del SATE.
Este es el primero de dos artículos en los que abordamos las soluciones técnicas para obras complejas. Aquí nos centramos en tres desafíos habituales que afectan a la fase de proyecto: patrimonio, color y seguridad contra incendios. En la segunda parte trataremos los retos que aparecen durante la ejecución: cargas pesadas, resistencia mecánica en zonas de tránsito y soportes de adherencia difícil.
La rehabilitación energética de edificios con protección patrimonial plantea una contradicción aparente: mejorar las prestaciones térmicas sin modificar la estética exterior que, precisamente, se pretende conservar. Las intervenciones en estos inmuebles dependen del Plan General de Ordenación Municipal de cada ayuntamiento, que habitualmente exige mantener la apariencia original de la fachada, incluyendo cornisas, marcos de ventanas y elementos ornamentales.
El SATE permite abordar esta exigencia. Mediante técnicas de moldurado y fresado in situ sobre el propio sistema, es posible reproducir los elementos decorativos originales con una fidelidad que satisface los requisitos municipales. Los sistemas Beissier Therm E y L ofrecen la adaptabilidad geométrica necesaria para trabajar sobre formas curvas y redondeadas, lo que amplía las posibilidades de intervención en fachadas con geometrías singulares.
La clave en estas obras está en el trabajo previo de documentación: registrar cada detalle ornamental antes de intervenir y definir en proyecto cómo se replicará sobre el SATE. Cuando este paso se realiza con rigor, el resultado es una fachada que conserva su identidad visual y gana en eficiencia energética.

La tendencia arquitectónica hacia acabados oscuros en fachada choca con un problema físico real: una superficie oscura expuesta a radiación solar directa puede alcanzar temperaturas de hasta 80 ºC. A esa temperatura, el EPS estándar se deforma, comprometiendo la estabilidad dimensional del sistema y, con ella, su capacidad aislante.
La solución pasa por la tecnología Dark Cool: pigmentos formulados para aumentar el índice de reflectancia solar total (TSR) del acabado. Un TSR superior a 25 reduce significativamente la temperatura superficial de la fachada, evitando que el calor acumulado se transfiera al panel aislante y lo deforme.
Para el arquitecto, esto significa que la paleta cromática del proyecto no tiene por qué limitarse a tonos claros. Pero es imprescindible que la especificación del acabado incluya el dato del TSR y que el sistema SATE esté certificado para trabajar con esos rangos de temperatura. Omitir esta comprobación en fase de proyecto es una de las causas más frecuentes de patologías térmicas en fachadas rehabilitadas con tonos oscuros.

La seguridad contra incendios es uno de los aspectos que más ha evolucionado en la regulación de fachadas ventiladas y sistemas SATE. Aunque la normativa nacional española no siempre lo exige de forma explícita, la tendencia es clara: las exigencias municipales son cada vez más restrictivas, especialmente en edificios de más de siete metros de altura.
La recomendación técnica consiste en instalar barreras cortafuegos de lana de roca que sectorizan la fachada. Estas barreras se disponen en tres configuraciones: franjas horizontales cada dos plantas, franjas verticales en medianeras colindantes y refuerzos perimetrales en huecos de escalera. El objetivo es evitar la propagación vertical y horizontal del fuego por la cámara del sistema.
Anticiparse a estas exigencias no es solo una cuestión de responsabilidad profesional, sino también de protección frente a futuras modificaciones normativas. Un sistema SATE instalado hoy sin barreras cortafuegos puede requerir una intervención costosa si la normativa local se actualiza antes de que finalice su vida útil.

Un aspecto que no debe pasarse por alto en la prescripción de estos sistemas es la certificación. Los sistemas Beissier Therm cuentan con Certificados ETE (Evaluación Técnica Europea) conforme al Reglamento (UE) n.º 305/2011. Esta certificación garantiza que el sistema ha sido evaluado como conjunto, no como suma de componentes individuales, y que cumple los requisitos esenciales de seguridad estructural, protección contra incendios y ahorro energético.
Para el arquitecto que prescribe, contar con esta certificación simplifica la justificación técnica del proyecto y ofrece un respaldo documental sólido ante cualquier reclamación.
Los desafíos que hemos descrito afectan fundamentalmente a las decisiones de proyecto. Pero una obra compleja no termina en el plano: la ejecución plantea sus propios retos. En la segunda parte de este artículo abordaremos cómo resolver la instalación de cargas pesadas sobre SATE, el refuerzo de zonas expuestas a impactos y la adherencia en soportes críticos como el gresite o las superficies curvas.